Singapur y Cuba; dos modelos de desarrollo opuestos
En mi reciente visita a Singapur, no pude evitar comparar dos países insulares que iniciaron procesos de transformación en épocas similares. Cuba, tras la revolución liderada por Fidel Castro en 1959, estableció una dictadura que duró cincuenta años. Por otro lado, Singapur proclamó su independencia bajo el liderazgo de Lee Kuan Yew en 1960, quien fue primer ministro durante treinta y un años. Los resultados de estas transformaciones corresponden a dos modelos de desarrollo completamente diferentes.
En aquel entonces, Cuba era un modelo de prosperidad en el Caribe y ocupaba el tercer puesto en la economía del continente iberoamericano. Su ubicación privilegiada y sus rutas navegables la convirtieron en un punto neurálgico del comercio entre Europa y América durante siglos. En contraste, Singapur era un pantanal carente de recursos naturales, sin actividad agropecuaria, sin agua potable y con una larga historia de colonización por parte de holandeses, británicos y japoneses. Ambas naciones enfrentaban el mismo desafío: superar la pobreza de sus poblaciones. Mientras Cuba era hispanoparlante, Singapur se perfilaba como una torre de Babel, con una gran diversidad de idiomas y dialectos.
Ambos países optaron por caminos diametralmente opuestos. Cuba, bajo el mandato de Castro, adoptó el sistema comunista soviético, eliminando la propiedad privada, suprimiendo las libertades civiles y convirtiendo al Estado en el dueño absoluto de la economía y del sector productivo. En contraste, Lee Kuan Yew apostó por una economía de mercado, fomentó la apertura comercial, atrajo inversión extranjera, garantizó la seguridad jurídica para la inversión privada y promovió la libertad individual.
Fidel Castro, con sus discursos grandilocuentes, trató de exportar su ideología comunista revolucionaria a América Latina y África. Para mantener su régimen, recurrió al subsidio soviético, que superó los 300 mil millones de dólares en ese período, lo cual desvirtúa la narrativa que atribuye el fracaso cubano exclusivamente al bloqueo económico estadounidense.
En cambio, Lee Kuan Yew, sin depender de subsidios externos, abrió Singapur a la inversión privada y luchó contra la pobreza mediante el trabajo remunerado, un régimen fiscal atractivo, la seguridad social, la disciplina laboral, una estricta regulación y autoridad. Los limitados recursos se destinaron a la educación, a la infraestructura y a la unificación del inglés y el mandarín como idiomas oficiales, lo que convirtió a Singapur en un centro financiero y el puerto marítimo y aéreo más importante de Asia.
La libertad económica en Singapur generó prosperidad, mientras que el control estatal en Cuba llevó a la población a niveles de empobrecimiento y hambruna no vistos desde 1959. Los avances significativos en educación y la reducción del analfabetismo que Cuba logró en los años sesenta se desvanecieron en las décadas siguientes.
En contraste, el ingreso per cápita en Singapur en 2025 ronda los 100.000 dólares estadounidenses anuales, mientras que el cubano apenas llega a 1.000 dólares, lo que representa solo el 1% del ingreso singapurense.
Dejo al criterio del lector la tarea de analizar la realidad de estos dos modelos ideológicos.
¿Cuál sería el más conveniente para Colombia?

Comentarios
Publicar un comentario