Mi legado al Valle del Cauca
En una reciente conversación entre amigos, insistieron en que nunca es tarde para relatar con lujo de detalle, como ejecutor, el compromiso y la ejecución de la obra más importante realizada por la Industria de Licores del Valle.
Consideraron que aquel proyecto fue quizás el más destacado, pero, a la vez, el menos valorado entre las ejecutorias de la gobernación de Germán Villegas Villegas. A ese gran líder vallecaucano, conocido por sus “grandes pequeñas obras”, tanto en la alcaldía de Cali como en sus dos periodos de gobernación, merece ser recordado por dos grandes obras: el acueducto de La Reforma en Cali y el traslado de la Industria de Licores del Valle de Cali a su ubicación actual en Palmaseca, Palmira.
Como el canibalismo ritual vallecaucano es común, quizás sea herencia indígena de los Quimbayas o Gorrones, quienes suceden en el poder, intentan destruir injuriosamente la bienaventuranza lograda por sus antecesores.
Quizás es la razón por la que las grandes obras son estigmatizadas, lo que opaca su grandeza y la tenacidad vallecaucana que ha forjado la región.
Fui nombrado gerente general de la Industria de Licores del Valle (ILV) el 1 de enero de 2001. Al momento de asumir la dirección, la empresa contaba con una fortaleza financiera. Las administraciones que me habían precedido gerenciaron con criterio empresarial, principio rector respetado por los gobernadores, y no cayeron en la tentación de usar la entidad como fortín burocrático politizado.
Durante el periodo de inducción, fui gratamente sorprendido por el compromiso, el nivel profesional y la estabilidad laboral de los colaboradores de la empresa. En las primeras reuniones, el equipo probado y experimentado fue reiterativo al manifestar la necesidad de integrar la planta de envasado, las bodegas de materia prima, de producto terminado y de añejamiento, ubicadas en la Carrera 1 con Calle 25 en Cali, con la destilería que, desde 1987, se había construido en el corregimiento de Palmaseca de Palmira.
El ambicioso proyecto de traslado se convirtió en un derrotero. Con el compacto equipo de funcionarios, el apoyo del gobernador, su gabinete y de la junta directiva, iniciamos la planeación. La primera etapa contempló la concepción del plan maestro, los diseños arquitectónicos de los edificios administrativos, la adecuación del terreno, las obras civiles, la dotación de infraestructura eléctrica y, paralelamente, la modernización de la planta de envasado mediante la adquisición de equipos de última generación.
Se consideró no emplear un proceso “llave en mano”, no solo por el mayor costo, sino también por la falta de selección objetiva de proponentes. Por ello se optó por el dispendioso, pero exitoso programa licitatorio, de nueve pliegos especializados para cada una de las necesidades.
Durante dieciocho meses, el proceso planificador se articulaba con criterios jurídicos de contratación licitatorios, la prístina intervención a cargo de Alfonso Holguín Beplat, hilo conductor y apoyo incondicional del proyecto, la acertada selección de proponentes especializados en sus respectivas áreas de experticia, meticulosamente coordinados con el fin de evitar contratiempos en todas las etapas y poner en funcionamiento el proyecto.
El presupuesto inicial de $20 mil millones (estimado en valor presente de $60 mil millones) y el tiempo de ejecución del proyecto se cumplieron sin sobrecostos y dentro de los plazos previstos, realizando la obra con recursos propios de caja, sin recurrir a créditos externos.
El 16 de diciembre de 2003, hace veintidós años, se hizo realidad el sueño de dotar al Departamento del Valle del Cauca de la planta de licores más moderna y eficiente de Colombia, una de las más avanzadas de América Latina, integrada a la destilería y operada bajo estrictas normas medioambientales.
Tan solo veintitrés años después, confirmando el acierto de aquel entonces, la actual administración de José Moreno, bajo el liderazgo de Dilian Francisca Toro, emprenderá en 2026 la actualización de procesos modernos en la planta de envasado, dando continuidad al nivel de competitividad fabril que permite competir en escenarios globales.
Por el respeto, la confianza y la amistad, que tuve con Germán Villegas, consideré importante dar testimonio a esa gran obra, que, como en la estrofa de Julio Iglesias, es menester resaltar, que “las obras quedan, los demás se van”.
Foto cortesía de Caliescribe.com

Comentarios
Publicar un comentario