Las propuestas de los tres punteros
A escasos treinta días de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el panorama político se encuentra ante una cascada de encuestas. Sin embargo, es curioso observar que ninguna de estas encuestas profundiza en la conveniencia, viabilidad y potencial éxito de los candidatos como futuros gobernantes. Es comprensible, ya que las encuestas se centran en proporcionar datos estadísticos cuantitativos, no cualitativos, sin entrar en análisis detallados ni valoraciones sobre políticas de gobierno.
Cepeda, quien puntea en la mayoría de las encuestas para la primera vuelta, se destaca por la simplicidad de su propuesta. El extenso documento es una manifestación explicita de continuidad de un gobierno, el cual nunca encontró rumbo. Atribuye los fracasos de la administración a la lentitud e independencia de los diferentes poderes del Estado y del Banco de la República, y reitera la necesidad de fortalecer y unificar la izquierda. Sin embargo, su propuesta carece de proyecciones estadísticas en aspectos macroeconómicos, sociales y fiscales.
Más que una propuesta y plan de gobierno es un manifiesto de ideología marxista ortodoxa que históricamente ha demostrado su ineficacia como sistema de gobierno. Desde la publicación en 1867 de la obra de Karl Marx, e implementación después de la revolución bolchevique rusa en 1917, cien años después, se concluye el sistema comunista es fallido. No obstante, Cepeda considera la equidad su objetivo principal, promueve un modelo en el que el Estado interviene y controla tanto el sector productivo como el sistema tributario, adoptando un enfoque confiscatorio. Además, apuesta por la consolidación del acuerdo de paz, pero también protegiendo a actores del terrorismo colombiano. Su propuesta no es una redistribución de la riqueza, sino de la pobreza, siguiendo los ejemplos históricos de la Unión Soviética, Europa del Este, Cuba y Venezuela, donde la clase gobernante —la llamada nomenklatura— se beneficia exclusivamente y la corrupción prolifera. Finalmente, la convocatoria de una asamblea constituyente para centralizar y fortalecer el poder presidencial se percibe como un riesgo para el estado de derecho y un posible preludio a una deriva autoritaria, totalitaria y dictatorial.
La propuesta de Abelardo, es la más sencilla y representa la antítesis ideológica de la de Cepeda. Inspirada en los modelos de Milei en Argentina y Bukele en El Salvador, su propuesta se basa en la reducción del tamaño del Estado y el fortalecimiento del sector privado y libre mercado. Además, adopta un discurso marcadamente anti-izquierda, crítico con el gobierno actual de Petro, y plantea un refuerzo de la fuerza pública para combatir la criminalidad. Sin embargo, esta propuesta se muestra algo alejada de la realidad nacional, ya que no profundiza en mecanismos de inclusión y equidad social.
La propuesta de Paloma se presenta como la más coherente con la situación actual del país. Su experiencia legislativa, junto con el apoyo de partidos tradicionales y disciplinados, le permite apostar por el equilibrio tanto del Estado como del sector privado. Paloma promueve la inversión privada mediante la generación de oportunidades formales, competitividad en proyectos de infraestructura, seguridad jurídica, fortalecimiento del sector de hidrocarburos, minería extractiva, agropecuario y el refuerzo de la institucionalidad, contribuyendo a crear condiciones de bienestar y equidad más sostenibles que la mera redistribución planteada por Cepeda. Al igual que Abelardo, propone una reducción del tamaño del Estado y de las tasas impositivas, así como la recuperación de la seguridad a través de la fuerza pública, enfocándose en combatir la inseguridad causada por actores armados vinculados a actividades ilícitas.
La propuesta de Paloma también se destaca por su equilibrio en el espectro ideológico, alejándose de los extremos representados por Cepeda y Abelardo. Sus propuestas en materia de educación, cultura y deporte son concebidas como instrumentos de movilidad social. Se da importancia a cobertura sanitaria, rural y urbana, del sector salud y servicios públicos básicos, favoreciendo un desarrollo económico uniforme bajo una regulación estricta pero no excesiva. Esto permite abordar con mayor claridad el cierre de las brechas de desigualdad e inequidad y combatir pobreza.
Es importante subrayar que el equilibrio entre las ramas del poder constitucional colombiano se complementa con su carácter conciliador, profundidad del funcionamiento del estado y experiencia publica, facilitando una mejor articulación entre ellas, lo que se traduciría en un desarrollo social, económico y legislativo más uniforme.
En conclusión, la propuesta de Paloma es la más equilibrada, logrando generar consenso y evitando los extremos, divisiones y la polarización que caracterizan a las otras dos alternativas.
Fotografía cortesía de caliescribe.com

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