Reflexiones del “Día sin Carro”

Impresionó el silencio ensordecedor de aquel día. La ausencia de ruido vehicular nos permitió volver a escuchar el suave susurro de la brisa acompañado del hermoso cantar de nuestra riqueza aviar. Disfrutamos del bello sol canicular irradiando el resplandeciente verdor tropical de la ciudad, sus parques, separadores viales, espacio público, respirando un aire limpio, que como un manto, descendía de la majestuosidad del parque de los Farallones. No era sorpresa que las calles vacías, donde solamente circulaba el transporte público formal y algunos taxis, se aprovechara jovialmente para largas caminatas, recorridos en bicicleta y agradable compartir familiar, entre amigos y nuestros conciudadanos. Fue volver, aunque por un solo día, a tranquilas épocas pasadas alejadas del desasosiego de afanes, tráfico, trancones y accidentes viales. El ensayo deja a la administración una serie de retos, metas a cumplir e inquebrantables promesas de convivencia ciudadana. Deberá comenz...