Crisis energética global es oportunidad para Colombia

 


Las relaciones internacionales y el comercio con los Emiratos Árabes Unidos apenas comienzan. La firma del Acuerdo Integral de Asociación Económica (CEPA) en 2024, mediante el cual se eliminan aranceles para el 85% de los productos nacionales, es una importante iniciativa para impulsar el café, las frutas, las flores, la carne, el oro y, tímidamente, las confecciones nacionales.
 
Pese a esta relación que comienza y a la lejanía, a la política bélica no intervencionista y a la lógica de deducción, el país ha estado alejado de los conflictos del Medio Oriente.
 
La guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel, iniciada el pasado mes de febrero (2026), restringiendo el transporte marítimo por el estrecho de Ormuz, estrangulando el paso de aproximadamente 20 millones de barriles de petróleo diarios y, de alguna manera, la imposibilidad de acceder a las vastas reservas de petróleo venezolano y ucraniano ha llevado el precio del barril hasta US$ 119.
 
Si bien es cierto, Colombia ha celebrado este hito, con lo cual se incrementarán el valor de las exportaciones de hidrocarburos, y de paso mejorar las deterioradas finanzas de Ecopetrol, y el déficit fiscal, no ha habido pronunciamientos del desgobierno actual sobre el futuro energético nacional, en razón a los eventuales incrementos en los precios del carbón, gasolina, diésel, combustible para aviones, gas y derivados, impactando costo de transporte reflejado en los precios de bienes y eventual efecto inflacionario que esto conlleva.
 
En el contexto global, la matriz energética de la mayoría de los países depende de los hidrocarburos fósiles. Pero afortunadamente, Colombia es la excepción. La generación de energía hidroeléctrica nacional limpia y renovable, que representa el 70%, a la que se suma la incipiente incursión en fuentes alternativas, como solar, eólica, biodiésel, biomasa y etanol, posiciona al país con un incalculable potencial y una ventaja competitiva. Igualmente, y de alguna forma, el incremento del parque automotor y del férreo eléctrico constituye otro beneficio, al reducir la demanda de gasolina, diésel y derivados.
 
El umbral que se abre para el país es de incalculable beneficio competitivo. Las empresas de todos los sectores económicos, de cualquier tamaño, tanto nacionales como internacionales, se beneficiarán de costos energéticos competitivos. La cercanía de centros de producción a puertos marítimos, a diferencia de transportar bienes desde el centro de Estados Unidos al Atlántico o al Pacífico a mayores costos, es una ventaja enorme. Por otro lado, la inversión necesaria en inteligencia artificial exige grandes centros de datos (Data Centers) de alto consumo energético, y Colombia podría ofrecer ventajas atractivas.
 
 
La coyuntura electoral es la mejor oportunidad para que los candidatos presidenciales, con sus respectivos grupos de trabajo, elaboren propuestas para el futuro del país, aprovechando esta oportunidad histórica. No solo es especular sobre los mejores precios que eventualmente se recibirán por la exportación de hidrocarburos, sino también escuchar la política de Estado propuesta para convertir al país en receptor de las oportunidades excepcionales y de la inversión extranjera que ofrece la oferta energética nacional. No es especulativo pensar que este panorama involucra todas las carteras ministeriales en los proyectos y planes del Estado.
 
Ojalá el gobierno que se instale el 7 de agosto establezca esta oportunidad como prioridad nacional en su plan de gobierno.
 
Guillermo E. Ulloa T.                       geulloa@hotmail.com            @geulloa                    Marzo 22, 2026

Comentarios

Entradas populares de este blog

El desplome del alcalde Eder

Fundación Valle del Lili; orgullo vallecaucano

Miguel Uribe Turbay 1986-2025